El gran problema de Stellar Blade en Nintendo Switch 2

A menos de dos meses del estreno en Nintendo Switch 2 de uno de los ports más esperados, Stellar Blade, la gran N nos ha dado el primer vistazo a modo de demo, de como luce el videojuego en su plataforma. Más temprano que tarde comenzaron a aparecer opiniones de todo tipo en redes sociales, foros y canales especializados en gaming y, como era de esperarse, la conversación rápidamente se convirtió en una comparación inevitable: ¿qué tan cerca está la versión de Switch 2 de lo que vimos en PlayStation 5?

El proyecto de Shift Up, protagonizado por Eve, nos lleva a un mundo devastado por unas monstruosas criaturas conocidas como Naytibas, quienes prácticamente acabaron con la vida en la Tierra. Nuestra protagonista deberá enfrentarse a diferentes amenazas y situaciones cada vez más complicadas para cumplir con su misión. No vamos a contarte cuál es: eso se descubre jugando. Y justamente ahí comienza el problema.

Por un lado, están quienes consideran que este port es una auténtica hazaña. Poder llevar un juego de semejante exigencia técnica a una consola híbrida como Nintendo Switch 2, manteniendo una buena parte de la experiencia que conocimos en PlayStation 5, resulta bastante llamativo. Además, hay otro punto importante: cada vez más estudios están apostando por Nintendo Switch 2 y para muchos jugadores, eso representa una posibilidad enorme: que más títulos originalmente pensados para otras plataformas encuentren una segunda vida dentro del ecosistema de Nintendo.

Pero también están quienes no están convencidos. Para algunos jugadores, que un juego llegue a Switch 2 no es suficiente, quieren que conserve el mismo nivel gráfico, rendimiento y fidelidad que encontramos en otras plataformas. Y cuando existen diferencias, inmediatamente aparecen las comparaciones: resolución, rendimiento, gráficos, FPS, tiempos de carga…

Entonces surge la pregunta: ¿Cuál es realmente el problema de Stellar Blade en Nintendo Switch 2?

¿Su gameplay? ¿Tiene demasiadas caídas de FPS? ¿Tiene bugs que arruinan la experiencia? ¿Es un mal port?

La respuesta es mucho más simple y, al mismo tiempo, mucho más compleja:

El verdadero problema son las comparaciones.

Imaginemos por un momento que nunca hubiéramos visto Stellar Blade en otra consola. Imaginemos que Shift Up hubiera presentado esta aventura por primera vez como un exclusivo de Nintendo. Probablemente estaríamos hablando de lo impresionante que resulta tener un juego de estas características en una consola híbrida, nos sorprenderíamos de sus escenarios, de sus personajes, de sus combates y de todo lo que técnicamente puede hacer una máquina que también podemos llevar en una mochila.

Pero no tenemos ese escenario, ya tenemos un punto de referencia. Y cuando existe un punto de referencia, dejamos de preguntarnos “¿qué tan buena es esta experiencia?” para comenzar a preguntarnos “¿qué tan parecida es a la otra?”

Ahí cambia completamente la conversación. Porque sí, las comparaciones pueden ser útiles. Antes de comprar un videojuego queremos saber cómo funciona, qué versión ofrece el mejor rendimiento, cuánto dura, si vale lo que cuesta y si nuestra consola puede moverlo correctamente. Pero también pueden convertirse en una especie de filtro, un filtro que hace que lleguemos a un videojuego con una expectativa que no nació de nuestra propia experiencia, sino de la experiencia de alguien más.

Y esto es algo que prácticamente todxs hacemos. Antes de comprar un juego buscamos comparativas: “PS5 vs Switch 2”, “¿Cuál tiene mejores gráficos?”, “¿A cuántos FPS corre?”, “¿Vale la pena comprarlo en Nintendo?”, “¿Se ve igual?”. Y, sin darnos cuenta, podemos terminar tomando una decisión sobre un juego antes de siquiera haberlo jugado.

Cuando no teníamos con qué comparar

Quizá por eso los videojuegos de nuestra infancia se sentían tan diferentes. Éramos felices jugando Mario Bros a 8 bits. Pasábamos tardes enteras con Crash Bandicoot intentando distinguir entre una caja de TNT, una de frutas y cualquier otra cosa que apareciera en pantalla. Nos metíamos en las aventuras de Lara Croft mientras explorábamos escenarios en los que prácticamente todo parecía tener la misma textura y, aun así, intentábamos descubrir qué demonios teníamos que hacer. Nos enfrentábamos a un santuario de Zelda sin entender completamente qué estábamos haciendo y, cuando finalmente encontrábamos la solución, sentíamos que acabábamos de descubrir el secreto del universo.

Porque no teníamos un punto de comparación.

No existía YouTube para enseñarnos cómo “debía verse el juego”. No había un video de 15 minutos explicándonos que una versión tenía mejor iluminación, mejores sombras o dos FPS más que otra. No teníamos a alguien diciéndonos que nuestra consola estaba ofreciendo una experiencia inferior. Simplemente jugábamos.

Y eso también pasaba con los juegos multiplataforma: no necesitábamos entrar a una discusión interminable para decidir si la versión de Def Jam para PlayStation 2 era mejor que la del primer Xbox. Si tenías una consola, jugabas en esa consola y punto. Lo importante era conseguir el juego, prender la televisión y desaparecer durante unas horas.

¿Cuándo dejamos de jugar y comenzamos a comparar?

No se trata de decir que las comparativas son malas. De hecho, son una herramienta importantísima para los jugadores, ya que el precio de los videojuegos ha aumentado y nadie quiere gastar su dinero en una experiencia que no cumple con sus expectativas. Pero existe una diferencia entre informarnos antes de comprar y permitir que la opinión de los demás determine por completo nuestra experiencia.

Y ahí es donde Stellar Blade resulta interesante, porque quizá su verdadero problema no sea que la versión de Switch 2 no sea idéntica a la de PlayStation 5, quiizá el problema sea que esperamos que lo sea.

Una consola diferente tiene características diferentes. Un hardware diferente tiene limitaciones diferentes. Una plataforma diferente tiene una manera diferente de experimentar los videojuegos. Y eso no necesariamente significa que una experiencia tenga que invalidar a la otra.

Al final, Stellar Blade sigue siendo Stellar Blade. Sigue estando Eve. Siguen estando los combates. Siguen estando los escenarios. Sigue estando esa historia que poco a poco nos va revelando por qué este mundo terminó convertido en lo que es. La pregunta debería ser menos “¿se ve igual que en PS5?” y más “¿qué experiencia me ofrece esta versión?”

Porque si medimos cada lanzamiento únicamente contra otra plataforma, corremos el riesgo de dejar de sorprendernos. Y quizá eso sea lo que hemos perdido un poco como jugadores: la capacidad de sentarnos frente a una pantalla sin pensar en benchmarks, comparativas, resolución o FPS.

Solo jugar.

Solo descubrir.

Solo dejarnos sorprender.

Porque, al final, quizá el gran problema de Stellar Blade en Nintendo Switch 2 no sea que no se vea exactamente como en PlayStation 5, tal vez el verdadero problema es que nosotros ya sabemos “cómo debería verse”.

Por ahora solo queda esperar al 5 de noviembre, cuando por fin podremos tener en nuestras manos el videojuego completo y crearnos una opinión propia basada en nuestra experiencia.