Hay músicas que se heredan y otras que se transforman en el camino. Una marimba puede sonar a tradición, a recuerdos de familia, a las fiestas de un pueblo; pero también puede terminar encontrándose con una guitarra eléctrica, una batería y toda la energía del punk. Cuando eso sucede, las fronteras entre géneros empiezan a importar muy poco.
Son Rompe Pera entendió perfectamente ese juego.
La historia comienza en Naucalpan, dentro de una familia donde la música ya era parte de la vida cotidiana. Los hermanos Gama aprendieron a tocar marimba desde pequeños y, con el tiempo, comenzaron a llevar ese instrumento hacia lugares que probablemente nadie hubiera imaginado. Cumbia, danzón, bolero, sonidero, punk, rock y garage comenzaron a convivir hasta crear algo que suena tan mexicano como difícil de encasillar.
Pero detrás de todo ese desmadre hay algo profundamente familiar. La marimba no es un accesorio dentro de Son Rompe Pera; es el corazón de una historia que pasó de generación en generación y que ahora viaja por escenarios de todo el mundo.
Lo interesante es que nunca intentaron esconder sus raíces para sonar contemporáneos. Hicieron exactamente lo contrario: tomaron aquello que tenían cerca, lo llenaron de distorsión, velocidad y actitud, y encontraron una manera completamente nueva de presentarlo.
Por eso escuchar a Son Rompe Pera es como entrar a una fiesta donde alguien decidió cambiar las reglas a mitad de la noche. Puedes reconocer la cumbia, el son, el danzón o el rock, pero cuando todo empieza a sonar al mismo tiempo ya no sabes exactamente dónde termina un género y comienza el otro.
Y quizá esa sea su mayor virtud: hacer que la tradición no se sienta vieja y que lo moderno tampoco tenga que olvidar de dónde viene.
Después de llevar su música a distintos países y convertir la marimba en protagonista de escenarios que van mucho más allá de México, toca volver a casa para encontrarse con quienes han seguido este viaje desde el principio.
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Este sábado 29 de septiembre, Son Rompe Pera llegará al Teatro Metropólitan de la Ciudad de México para hacer lo que mejor sabe: poner a bailar, brincar y recordar que la música mexicana puede romperse, mezclarse y volver a armarse de mil maneras.
Porque cuando una marimba decide entrarle al punk, no hay género que aguante.
Nos vemos en el Metropólitan.